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OBED PLASCENCIA

“Un Vida Dedicada al Béisbol”

 

Santa Rosalía es un poblado situado en el Estado de Baja California Sur a  555 kilómetros al norte de La Paz sobre el alargado Estado del noroeste de México. Situada en medio de dos mesetas frente al Mar de Cortés, este pequeño puerto mexicano luce su peculiar arquitectura afrancesada. El 7 de julio de 1885 la compañía europea “El Boleo” inició la explotación de los ricos yacimientos de cobre existentes en la región,  mediante una concesión otorgada por el Presidente Porfirio Díaz; el arreglo sería que, autorizada la compañía para explotar el valioso mineral, debía construir además las viviendas de los trabajadores, el puerto para el embarque, los edificios públicos necesarios como escuelas, hospitales e iglesia, entre otros, y finalmente establecer una ruta marítima con Guaymas para dar empleo a la mayor cantidad de trabajadores mexicanos.

 

 

La Antigua Mina “El Boleo”, Santa Rosalía, Baja California

 

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Mercado Municipal, 1953

 

La compañía se mantuvo por varias décadas en las labores de producción de lingotes de cobre que eran transportados hasta Canadá bordeando la Península en un viaje lento y difícil. Uno de los trabajadores que por los años 40’s laboraba en el buque que movía las placas de producción de “El Boleo” por el mar de Cortés y el Océano Pacífico era Don Candelario Plascencia,  jefe de una familia conformada por su esposa Doña Lucila Verdugo y los  hijos Eleazar, Obed, Rigoberto, Herlinda y Judith. La dura faena en los largos viajes pronto despertó cierta inquietud en Don Candelario que lo hizo cambiar de opinión. Obed comenta: “… resultó que en uno de los viajes hacia Canadá, el buque se enfrentó a un serio problema en el mar por la presencia de oleajes increíbles que terminaron por convencer a mi padre que lo suyo no era la navegación, así es que prefirió buscar otro lugar en la Compañía de menos riesgos; él había estudiado por correspondencia un curso de Mecánico Diesel y pronto encontró lugar en el departamento de producción de energía eléctrica”.

 

Obed nace el 19 de octubre de 1942 bajo el ambiente de las minas y los mares, de los trenes y los buques en ese continuo movimiento de máquinas y olas en este pequeño poblado donde ya estaba rodando la pelota sobre los diamantes de béisbol. Pero tiempos traen otros tiempos y la compañía empieza a despedirse de Santa Rosalía en el año de 1954. Obed comenta: “Aquel año de 1954 fue muy triste para nosotros; al suspender actividades la compañía mi familia tuvo que emigrar a Guaymas; todavía recuerdo aquella tarde cuando esperábamos con nuestras pertenencias nuestro turno para ser embarcados rumbo a Sonora y despedirnos con la más profunda tristeza del lugar donde viví los primeros 12 años de mi existencia”.

 

Por aquellos años Guaymas vivía una buena época; había empleo a través de las famosas Cooperativas implementadas en parte por Don Abelardo L. Rodríguez y además el mar aún producía mucho marisco, de tal forma que poco a poco la familia Plascencia Verdugo se abrió camino, como otras tantas, en la dura faena del trabajo digno y ejemplar. A los años vemos a Obed trabajando en una Hielería“el hielo era muy importante porque no había cuartos refrigerados como ahora; en aquel entonces, por ejemplo, se tendía una capa de hielo triturado, luego venía otra capa del marisco, otra capa de hielo y así sucesivamente para mantener fresco y en buen estado la pesca del día; los barcos requerían de mucho hielo y los pesados lingotes teníamos que moverlos con las tijeras para llevarlos a las máquinas trituradoras… era una faena realmente agotadora pero que al final de cuentas nos permitió hacer mucho músculo con un ejercicio inevitable”.

 

El béisbol empezó a interesarle al joven Obed a través de su hermano Eleazar, que practicaba este deporte en un equipo dentro de la Liga organizada entre Cooperativas, y aunque Eleazar no permitió mucho su compañía cuando iba a los juegos, pronto “el hielero” se dio maña para alinear en un club. Obed comenta: “… aprendí el béisbol ya grande; yo nunca lo jugué de pequeño… es más, tomaba el bat al revés, es decir, mi mano derecha la ponía debajo de la izquierda para hacer el swing de derecho, lo cual por supuesto todos sabemos que es una aberración; pero pronto me corrigieron esa fallita y los batazos salieron con fuerza hielera. Comencé a practicarlo en 1958 y dos años después ya estaba en un equipo de la Liga de mi hermano mayor Eleazar”.

 

Estadio Abelardo L. Rodríguez de Guaymas, 40´s

 

 

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Inauguración Hermosillo Vs Guaymas, 1959-60

 

Poco a poco el béisbol iba cautivando a Plascencia en el béisbol llanero, en el béisbol de sábados y domingos entre compañeros trabajadores. Obed comenta: “disfrutaba el juego a plenitud y despacio las cosas se me fueron dando;  resultó que a los 18 años de pronto nos vimos en un partido por el campeonato entre la Liga de Cooperativas. Me tocó en aquel año de 1960 alinear con el club de la Cooperativa Rodolfo Elías Calles la cual se enfrentaba a la de la Sección 57 donde también estaba dando sus primeros pasos en la loma el brillante jovencito Vicente Romo; el “Huevo” llevaba como 5 juegos completos sin permitir carrera… ¡45 entradas al hilo, imagínate!… lanzaba por debajo del brazo y la bola curveaba hacia adentro francamente imposible de batear”.

 

Por aquellos años de 1960 la Liga Invernal de Sonora estaba en plena consolidación; los equipos de Hermosillo, Guaymas, Empalme y Obregón iniciaban una nueva aventura en el béisbol profesional después de la fallida Liga de la Costa del Pacífico, donde tantas luminarias de la pelota y el bat participaron, pero que la postre no pudo sostenerse por los altos salarios que devengaban y las escasas entradas en malas temporadas de los clubes participantes tanto de Sinaloa como de Sonora. En el transcurso del partido, un sigiloso automóvil de la Policía Federal de Caminos se hizo presente en el partido a corta distancia según Obed: “… todos nos miramos con cierto recelo… ¿a quién andarán buscando?... ¿Qué haría el delincuente?... ¿estará aquí en el juego?. Pronto las preguntas tendrían respuesta. Al terminar el juego, que perdimos por cierto, se nos acercó el Comandante Sr. Don Guillermo Lozano y nos dijo: -tú Vicente (Romo), Obed (Plascencia), René (Alvarez) y Angel (Montaño), pasen mañana al Estadio para entrevistarse con Manuel Magallón”. Resultó ser que el Sr. Lozano era accionista del club Ostioneros de Guaymas y andaba reclutando jugadores para complementar el Club; la noticia llenó de alegría a aquellos jovencitos que nunca se imaginaron que el béisbol de paga les tocaría la puerta.

 

Los cuatro muchachos se hicieron presentes en el Estadio acudiendo al “llamado del Diamante” a temprana hora y tímidamente entraron por una pequeña puerta de atrás del Abelardo L. Rodríguez; de lejos empezaron a ver el entrenamiento; “nos recargamos en la barda con los guantes en el brazo y empezamos a dudar si entrábamos o … entra tú… no tú primero… no nos la creíamos pues… Al final nos dimos valor los cuatro y poco a poco nos fuimos acercando hasta que Magallón nos gritó: - ¡a ver Ustedes… que están haciendo ahí… vénganse para acá pues… póngase a calentar… ahorita los llamo!”…. Nos reímos… nos vimos las caras… tomamos el guante y rápidamente pedimos las pelotas… ¡habíamos entrado al béisbol profesional… así de fácil”. Obed Plascencia se mantendría como excelente jugador y aún de manager por 48 años (al 2008) y Vicente Romo es comparado con las estrellas más brillantes del pitcheo mexicano y al decir de muchos, con la categoría de ser “el mejor” en el béisbol moderno y aún pisa los Estadios de la Liga en calidad de auxiliar.

 

Manuel Magallón

 

Obed y sus amigos eran por supuesto, fieles seguidores de los Ostioneros de Guaymas; “en alguna ocasión estábamos en la Calle Serdán cuando de repente un automóvil se detuvo ante nosotros por allá en 1959 y nos dijo –súbase el que quiera ir a Hermosillo al Estadio Fernando M. Ortiz para el juego contra los Naranjeros-. Por supuesto que nos apilamos rápidamente en el pickup y nos fuimos; él entraba a los palcos del centro y nosotros a las gradas de sol; era Miguel León, popularmente conocido como “Miguelón” que siempre portaba un altoparlante para gritarle a los jugadores. La verdad es que nos arrepentíamos cada vez que íbamos con él porque manejaba como loco;  nos teníamos que agarrar de donde podíamos para no caernos en aquella carretera Internacional siempre en pésimas condiciones, muy angosta y con los camiones y el frío de la noche; pero todo era aguantable tan solo para ver aquel béisbol. Recuerdo que nos advertía que si él salía y no estábamos en el pickup, se iría sin nosotros de tal forma que no quedaba de otra y el último out siempre nos lo perdíamos”.

 

Pronto llegaría el primer juego, el del debut para los jovencitos que empezaban la difícil carrera de beisbolista. “Recuerdo que nos tocó debutar tanto a Romo como a mí en el mismo juego allá en Empalme; el tercera base de Guaymas era Armando Murillo y de pronto salió lastimado de un tobillo siendo retirado del encuentro, dándome la instrucción Magallón de que  tomara la tercera base. Con Romo sucedió lo mismo ya que él entró sustituyendo a Emilio Ferrer, el abridor del juego, al ser  tocado por un fuerte batazo. Así es como iniciamos los dos este largo camino de pelotero”.

 

Vicente Romo pudo terminar la temporada con el club en forma brillante y pronto firmó contrato con los Tigres del México para iniciar una carrera que lo llevaría a Grandes Ligas por varios años. Pero Obed tuvo un momento desafortunado; Magallón tenía acondicionado un pequeño espacio con aserrín para amortiguar las barridas durante el entrenamiento al que fui sometido para mejorar este asunto tan importante para un pelotero; tuve la mala fortuna de no controlar adecuadamente mis pies y sufrí una torcedura inoportuna que me dejó enyesado por varias semanas… ahí perdí mi primera temporada”. De cualquier forma durante el tiempo que permaneció en activo, Plascencia logró demostrar sus facultades y merecieron el interés de varios buscadores que se fijaron en su talento.

 

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Héctor Espino, Obed Plascencia y Felipe Montemayor

 

Después de que Obed estuvo en buenas condiciones para jugar de nuevo, fue invitado a participar en la Liga Norte de Sonora con el club de Puerto Peñasco para la temporada de 1962, y sucedió que en Cananea tuvo un encuentro interesante con el famoso buscador “Corito” Varona de los Tigres del México; “… fue un día domingo jugando un doble partido, donde por cierto tuve la fortuna de conectar cuatro dobletes, cuando Varona se me acerca para invitarme a cenar a la que acepté gustoso. Estando en el restaurante del Hotel Central, “Corito” inmediatamente presenta sus condiciones: -mira muchacho, TÚ NO SABES JUGAR, así es que nosotros te vamos a enseñar, te vamos a capacitar correctamente y como eres novato, pues te ofrezco un contrato por $1,200 pesos. A un lado de nuestra mesa, detrás de Varona estaban mis compañeros de equipo Marco Antonio Manzo y Eradio Burruel, quienes escucharon la conversación y me hicieron señas de que no le hiciera caso; y así lo hice, presenté mis evasivas y Corito insistía… bueno, pues te daré $1500 pesos… no se lo hemos dado a ningún novato todavía… tienes que aceptarlo..  no sabes aún jugar… eres muy joven. Los muchachos insistían en que me negara a todo lo que Varona me decía moviendo sus dedos de aquí como si fueran parabrisas. Varona aumentó la cantidad hasta $3,500 pesos y tampoco lo acepté. Se levantó enojado de la silla, bastante molesto en el momento en que se da cuenta de la presencia de mis asesores, a quienes regañó… ¡ah… con que ustedes son los que están entorpeciendo las cosas… no!... se levantó.. tomó su sombrerito y salió furioso. Eradio y “el cieguito” Manzo se rieron y me dijeron que tuviera confianza… -si ya te echaron el ojo van a regresar-. Al día siguiente, ya en mi casa (vivía en un vagón de ferrocarril adaptado con mi compañero Pilar Camacho allá en Puerto Peñasco), llegó un joven con el contrato: $4000 pesos con el recado de que es todo lo que pueden ofrecer por un novato, y nunca lo hemos hecho”.

 

Esa temporada con Peñasco el club quedó subcampeón y tanto Manzo como Burruel recomendaron al prometedor novato con los Naranjeros de Hermosillo siendo suplente del inmortal Leo Rodríguez en la tercera base para aquella temporada de invierno 1962-1963. Plascencia ocupó algunas veces la tercera base debido a una fractura de Rodríguez por un pelotazo recibido en el antebrazo; ahí el joven Obed empezó a mostrar sus habilidades con el madero y en la esquina caliente.

 

Su entrada al béisbol y con los exigentes aficionados de la capital de la república no fue fácil; el mismo Obed comentó: “Una de las causas fue el sobrepeso, cosa que desapareció con el transcurso de la campaña. Los aficionados a la hora de batear me silbaban o cuando después de un tercer out llegaba a la caseta me tiraban con cuanto objeto había a la mano. Otro de los puntos a vencer fue que había muchos elementos que estaban peleando por un puesto de titular, por lo que yo procuraba jugar cada día mejor…. Pero el que me dio gran confianza desde un principio y lo cual agradezco fue el timonel José Luis “Chito” García, además de los tres cuadrangulares que conecté en Monterrey…. Después todo fue más fácil…”. Desde aquel momento, Plascencia se ganó un lugar en el line-up por las siguientes 14 temporadas, equipo en el que se desempeñó también en el difícil cargo de manager.

 

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Obed Plascencia y el famoso Javier Solís

 

Plascencia ocupa el lugar 19 en el liderato de bateo de todos los tiempos de la Liga Mexicana del Pacífico; dejó un respetable .267, 61HR y 368 carreras impulsadas habiéndose mantenido activo en 21 temporadas de 1961-62 a 1984-85; tiene el lugar 14 en hits conectados con 946 con participación en 1090 encuentros. Su mejor año fue en 1964-65 con .304 de promedio al bat, 92 hits, 9 jonrones y 38 carreras impulsadas; jugó para Guaymas, Hermosillo, Los Mochis, Guasave y Ciudad Obregón.

 

Obed Plascencia pertenece al selecto grupo de peloteros que se formaron en la década de los años 60´s, época en la que brillaron Héctor Espino, Ronnie Camacho, José Peña y tantos otros elementos que contribuyeron a consolidar al Rey de los Deportes en nuestro país, acumulándose una rica historia de 7 décadas de profesionalismo con un futuro muy prometedor todavía.

 

Estadística de Bateo de Obed Plascencia en la Liga Mexicana del Pacífico

 

Obed Plascencia (2009)

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